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Trasfondo

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño

 

Carlos Murillo González

“…Todo poder emana del pueblo…el pueblo tiene en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos


Los signos del fin del mundo

Tantas cosas pasando en tan corto tiempo: huracanes, terremotos, tsunamis, el retorno de la Guerra Fría, crisis económicas, escasez de agua, todo pareciera indicar la próxima destrucción del mundo como lo conocemos. ¿Estos fenómenos son cíclicos o naturales?, ¿los ha provocado la misma especie humana?, ¿estamos viviendo el fin de los tiempos, la extinción del homo sapiens y otras especies?


Más Trasfondo

Juego de Ojos

Masacre


Miguel Ángel Sánchez de Armas


Día 1.- Un equipo forense alemán investigó una masacre brutal y los resultados de la investigación comienzan a ser divulgados. Luego de prolongadas y exhaustivas pesquisas en la escena del crimen, los expertos emitieron un informe que ha sido calificado como “escalofriante” por quienes lo han conocido.

“El estudio de los restos, que fueron encontrados en el 2006 y están en muy mal estado, ha revelado que las víctimas fueron golpeadas con objetos contundentes […]. Sistemáticamente sufrieron la rotura de la parte inferior de sus piernas”, sostiene el reporte, en donde se indica que “el estudio de las fracturas que les provocaron antes de morir, indican claramente que [las víctimas] fueron torturadas y/o mutiladas cuando ya estaban muertas”, según trascendió en fuentes de la Academia de Ciencias.


Más Juego de Ojos

 

MarcaPasos

HABLEMOS DE ESTA FOTOGRAFÍA Y QUÉ SIGNIFICA PARA ESTA CIUDAD


Leobardo Alvarado


El sábado pasado, 23 de septiembre, varios ciclistas en un evento organizado por el Colectivo Fixie Beat, colgaron una bicicleta blanca en la ciudad. Una bicicleta que representa una diversidad de elementos que es necesario reflexionarles y así acercarse a lo que estas acciones estarían significando para Ciudad Juárez.

Como se sabe, desde hace ya tiempo los Colectivos de Ciclistas que proponen el uso de la bicicleta como un medio de transporte saludable para el medio ambiente y la gente, están reclamando su espacio en la ciudad. Esta vez, lo hicieron bajo la convocatoria “Homenaje a los ciclistas caídos en Ciudad Juárez”. [1]


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desde
España


¿Existen ''presos políticos'' en España?

Germán Gorraiz Lopez

El Tardofranquismo sería hijo del Tejerazo o golpe blando de 1.981 en el que los líderes políticos confinados en el Congreso fueron “invitados” a aceptar un acuerdo tácito por el que se declaraban intocables el establishment asociado al sistema monárquico, al sistema político bipartidista y a la “unidad indisoluble de la nación española” y estaría plasmado en la todavía vigente Constitución de 1.978, Carta Magna que estaría blindada ante cualquier cambio institucional que se pueda producir en el Estado español con lo que se cumpliría una vez más el testamento de Franco : “Todo está atado y bien atado”. El Tardofranquismo sería un anacronismo político que bebería de las fuentes del centralismo jacobino francés y del paternalismo de las dictaduras blandas y que incluirá en su cartografía la llamada “Doctrina Aznar”, distopía que tendría como ejes principales la culminación de la “derrota institucional de ETA para impedir que el terrorismo encuentre en sus socios políticos el oxígeno que le permita sobrevivir a su derrota operativa” y el mantenimiento de la “unidad indisoluble de España “, lo que se traducirá en la aparición de “presos políticos “ en la sui generis democracia española, de los que serían paradigma los 8 jóvenes de Alsasua y los Presidentes de Omnium y Assemblea Nacional Catalana (ANC) junto con Oriol Junqueras y 7 Consellers del Govern catalán.


Más desde España


Por los caminos de Sancho

México, Sancho y yo


Renward García Medrano


Yo tuve un amigo y maestro, viejo periodista, que no sólo me indujo al oficio, sino que iluminaba con su inteligencia aguda y heterodoxa, los laberintos de la vida del país y del mundo en los dos decenios que nos frecuentamos. Cada semana me reunía a desayunar con don Horacio Quiñones y a veces, con algún invitado. Coincidíamos en mucho, pero teníamos diferencias. Para él era claro que todos los títeres, incluyendo al grueso de los políticos, estudiantes y soldados, eran movidos por las pugnas precoces de la sucesión presidencial, y no por el choque de generaciones y mucho menos de ideologías.

En la huelga estudiantil de 1968, como profesor de la Escuela Nacional de Economía pasaba las noches que podía en la UNAM, al igual que otros y más meritorios amigos, como Lalo y Pablo Pascual, Eliezer Morales o Rolando y Fallo Cordera (Yo no conocía a Woldenberg). Don Horacio no cedía en sus opiniones sobre la marcha de los acontecimientos. La sociedad estaba dividida. Los mayores criticaban a los jóvenes y éstos llegábamos a veces al extremo de la ruptura. La incomunicación inició la debacle de la institución familiar.


Más por los caminos

 

 

 

 
Contexto
 

 



México:
año nuevo,
gobierno viejo

Juan Carlos Martínez Prado

 

 
 
 
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Desde cualquier óptica, y tras ese denso telón, después del 2 de julio de 2012, fecha de la elección presidencial, algo nos quedó claro: si aún cabía alguna duda, comprobamos que el país donde vivimos no es ese país justo, moderno y democrático, como el régimen pinta su propaganda...
 
 
 
 
 
 
México: año nuevo, gobierno viejo
 
 
Juan Carlos Martínez Prado
 
 
2013 será vital por ser el colofón de un periodo que marcó de manera significativa la vida política en México. Aunque 2012 no fue 1994, año en que la guerrilla zapatista irrumpió en el sureste mexicano y la discusión sobre la realidad de los pueblos indígenas atrapó la agenda nacional, los últimos doce meses sellaron de manera relevante la historia reciente del país con la derrota del PAN en la última elección presidencial y el regreso del PRI al poder.
 

El retorno del monstruo, largamente larvado en el vientre del sexenio calderonista, nos sirvió a los mexicanos de espejo para vernos como lo que somos: un país atrasado, condición que el mainstream ha tratado de ocultar como sí la mentira, con su cínica obviedad, no fuera la pieza perversa y más cara del sistema político mexicano en su apuesta por la simulación.

 

Desde cualquier óptica, y tras ese denso telón, después del 2 de julio de 2012, fecha de la elección presidencial, algo nos quedó claro: si aún cabía alguna duda, comprobamos que el país donde vivimos no es ese país justo, moderno y democrático, como el régimen pinta su propaganda.

 
Si para algo sirvió esa fecha fue para constatar que seguimos siendo el islote de siempre, gobernado por intereses de afuera y facciones de adentro que hasta ahora no han sabido ponerse de acuerdo para comerse la gran cornucopia primitiva que somos.
 
Paradójicamente, en plena era del twiteer, un partido, el PRI, regresa al poder, pero para hacerlo tiene que echar mano de sus viejas argucias y mediante un, digámoslo de manera elegante, fraude antiestético y antiético –compra de votos por doquier— logra su cometido, con la complicidad de las dos empresas televisoras más poderosas del país, porque no hay otras, Televisa y TV Azteca.
 
Más allá de los intereses de estos dos consorcios mediáticos, que tampoco tienen nada de civilizados, empezando por sus noticieros y terminando por sus telenovelas, en el análisis del retorno del PRI a los Pinos quedará para ser juzgada por la historia, la actuación de las instancias electorales renovadas del país –IFE y Tribunal Federal Electoral--, cuyos integrantes, con una interpretación de la ley muy cercana a lo arcaico, se negaron a investigar a fondo, y en un debido proceso, las denuncias de fraude electoral. Finalmente, ambos órganos, independientes y autónomos, concluyeron, como con Felipe Calderón en 2006, por legalizar, mas no legitimar, la elección del abanderado tricolor.
 
Las manifestaciones de retroceso político en que entró el país, al atreverse sus operadores una vez más a jugar con la voluntad de millones de mexicanos, pueden encontrarse de manera obvia y abundante en las imágenes que la televisión aventó al país, el 1 de diciembre de 2012. Ese día, como muchos sabemos, Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente de México y sus opositores fueron salvajemente apaleados por la policía en la calle.
 
En esa fecha, los nuevos beneficiarios del poder político en México, tramaron cómo detener una protesta del tamaño de la del 1 de diciembre, en momentos en que muchos focos del mundo estarían sobre el país y de paso aprovecharon para enviar señales desde la oscuridad. No necesitaron ir muy lejos. Contaban de antemano con el adiestramiento y cinismo necesarios.
 
El 1 de diciembre, los priistas hicieron gala de su colmillo político. Recurrieron a la vieja escuela y revivieron el estilo de uno de sus más aventajados mentores. Al desempolvar la Biblia de Fernando Gutiérrez Barrios, los priistas, ese día, jugaron billar a tres bandas que en cacería significa lo mismo que matar varios pájaros de un sólo tiro. Para su juego, idearon, con días de antelación, el escenario perfecto: calles tapiadas, y sumaron, a la protesta legitima, actores turbios.
 
En medio de esta puesta en escena, cientos de provocadores e infiltrados, ahora sabemos enviados y pagados por quien, se dedicaron en la capital del país a destruir negocios y todo lo que encontraron a su paso. Su objetivo, entre otros, era entregar a los verdaderos inconformes de Peña Nieto a la rudeza y brutalidad policiaca. Pero, sobre todo, la intrincada telaraña buscaba ansiosamente desprestigiar el rostro del Yo Soy 132, y el de otros movimientos sociales, mostrándolos ante la sociedad pasiva, que tanto caracteriza a estos tiempos, como grupos peligrosos, anárquicos y vandálicos.
 
Atrás de esta jugada ajedrecística, sobresalía el arte rupestre de personajes de la talla de Chuayffet, Murillo Karam, Manlio Fabio Beltrones, Osorio Chong y otros agazapados, todos, soldados de la vieja guardia salinista. La implementación del operativo, fuera del control y de las manos de algunos de los nuevos operadores del gabinete de seguridad de Peña Nieto, que una noche antes habían tomado posesión de sus cargos, funcionó como maquinaria de reloj y al medio día del 1 de diciembre emitía los primeros mensajes a los destinatarios escogidos. De manera subrepticia, el país recibía la señal premonitoria de cómo y quiénes abrían de gobernarlo a partir del 1 de diciembre.
 
El aviso, claro está, no era sólo para los jóvenes del 132, y un importante fragmento de los diversos movimientos sociales del país con el que los muchachos universitarios han compartido la calle a la hora de sus protestas, era también para Marcelo Ebrard, López Obrador, Miguel Ángel Mancera y el mismo Peña Nieto.
 
Atrás de los toletazos, los heridos de gravedad, las aprehensiones extralegales, los disparos con balas de goma y los gases lacrimógenos de ese día, se anunciaba el estilo y el tono de quienes habían regresado a gobernar el país. Inmediatamente, el imaginario mexicano regresó el carrete de sus heridas colectivas: Acteal, Aguas Blancas, Atenco, El Charco, y tantas otras que aún no terminan de supurar.
 
Para el análisis, 2012 es vital porque con él no acaba un año, sino un sexenio. Llama la atención el carácter de sus acontecimientos. Es el caso de una derecha que no pudo conservar el poder doce años antes conquistado y una izquierda partidista que tampoco logró alcanzar la presidencia por obra de sus propios errores y por una férrea determinación de la oligarquía trasnacional para obtaculizarle el paso. Por desgracia, en materia electoral y madurez política, México no es Venezuela ni López Obrador es Hugo Chávez. Los tres mil ochocientos kilómetros de frontera con Estados Unidos contaron a la hora de decidir quién sería el próximo administrador del traspatio.
 
Más allá de metáforas, el silencio de Obama acerca de las denuncias de fraude electoral en el país vecino y la felicitación adelantada a su ahora homólogo mexicano fueron muy elocuentes a la hora de medir de qué lado estaban las preferencias.
 
Pero el análisis de un año político no vale sí este no logra verse como síntesis de una sociedad atada a la locura de una presidencia que no tuvo empacho de ponerse una chaqueta militar (aunque le quedara grande) gobernando sin honor y sin vergüenza.
 
Dejar regada por las calles la sangre de más de ochenta mil mexicanos muertos, como su mejor saldo, no es poca cosa. Cómo se puede llamar la terquedad de un gobierno que no quiso escuchar el reclamo de paz de una sociedad embalada en medio de una guerra fratricida, convertida en una conflagración no en contra de los jefes de la droga sino en contra de ella misma.
 
El recuento de daños sobre seis años de gobierno calderonista, en el que sobresalió la insensibilidad frente a los reclamos de seguridad y justicia de la sociedad mexicana, es largo, escabroso y muy variado.
 
La aventura del segundo sexenio panista empezó el mismo día en que Felipe Calderón tomó posesión. En medio de un palacio legislativo tomado en su interior por los partidos de oposición que repudiaban el fraude electoral mediante el cual Calderón se había impuesto a López Obrador, el candidato de la izquierda, el país presenció a un atolondrado presidente que juramentaba su nuevo cargo entre empellones e insultos, protegido atrás por un grupo de diputados de su partido que se asemejaban más a una banda de rudos pistoleros.
 
Sin precedentes en la historia reciente, las imágenes del 1 de diciembre de 2006, quedarían en la memoria mexicana como el primer acto de simulación y de fuerza del segundo gobierno panista, que llegaba al poder con la debilidad y el estigma del fraude electoral. La fuerza como razón de Estado sería el principal instrumental quirúrgico con el que Calderón enfrentaría las sucesivas crisis de gobernabilidad. En medio de tantas muertes, registradas después de 11 de diciembre de 2006, fecha en que se dio luz verde a la guerra contra el narcotráfico, mediante una improvisada estrategia denominada Operativo Conjunto Michoacán, el país fue testigo de matanzas como la de Villa de Salvarcar, en la que se sacrificó la vida de 15 jóvenes deportistas, en Ciudad Juárez, el 30 de enero de 2010.
 
A esta masacre, cuyas víctimas Calderón llamó delincuentes en momentos en que cumplía una gira de trabajo en Japón, se sumarían otras, sobre todo en el norte del país, donde los responsables, sin ser aprendidos ni presentados ante las autoridades, seguían operando en completa impunidad y de manera concertada con los cuerpos policiacos de las localidades donde se cometían los crímenes.
 
El empoderamiento del narco que paradójicamente creció en la medida en que los federales y el ejército los perseguía, no respetó fronteras ni nacionalidades. En el norte del país, el grupo criminal de los Zetas arrasó con casinos, además de secuestrar y asesinar a cuanto blanco le era apetecible. En su desbocada carrera, este grupo delictivo, una derivación del Cártel del Golfo, se dedicó a secuestrar a grupos de migrantes centroamericanos, que cruzaban el estado de Tamaulipas como puente en su paso hacia Estados Unidos. San Fernando, una población campesina al norte de ese Estado, se convirtió en el ícono de la locura procurada por el narco. En 2010, fue localizado en ese lugar un cementerio clandestino con 72 osamentas. A este descubrimiento le siguieron otras fosas con más cuerpos, casi todos con identidad de inmigrantes provenientes de El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua. Hasta la fecha, la desarticulación de este grupo criminal sigue pendiente y será otro de los dolores de cabeza de la próxima administración en tanto su permanencia, como otros cárteles, no esté supeditada al interés y uso político.
 
El incendio de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, sin duda constituyó uno de los actos criminales más notorios de la administración calderonista. En este hecho, fallecieron 44 niños y el gobierno decidió eximir de responsabilidad penal a los funcionarios de su administración involucrados en la facilitación de permisos a guarderías como la ABC que operan en México fuera de la ley y sin las más elementales medidas de seguridad.
 
A este caso se sumarían otros, con distinto nombre pero con el mismo sello, el de la impunidad, tan común en el ejercicio del poder en México. Cherán, un pueblo indígena de la zona purhépecha en Michoacán, puede ser, entre tantos, otro ejemplo. Esta comunidad puso al descubierto, en tierras del presidente, la colusión existente entre narcos y policías. Sin protección policiaca, los cheranenses enfrentaron al crimen organizado con sus propias fuerzas y las mujeres expulsaron, en la primavera del 2011, a los talamontes del pueblo después de que el gobierno abandonó a la comunidad a su suerte.
 
Hasta ahora, ese pueblo, ubicado en el corazón de la meseta central de uno de los estados con mayor presencia del crimen organizado, sigue resistiendo y sus pobladores acordaron echar a los partidos políticos de su territorio por corruptos e ineficaces.
 
La impunidad con que el narcotráfico ha proliferado en Michoacán y otros estados del occidente, centro y sur de México está ligado al reparto de territorios y cuerpos policiacos, meridiano en el que se han movido las mafias en el país, no solo desde tiempos del viejo PRI sino desde que Vicente Fox asumió el poder en el 2000. Recordemos que apenas un año después de haber tomado en sus manos las riendas de la seguridad nacional, el Chapo Guzmán escapó del penal Puente Grande donde había estado recluido durante los últimos nueve años. Este narcotraficante mexicano es considerado como uno de los de mayor poder en las últimas décadas y dueño, según la revista Forbes, de más de mil millones de dólares.
 
Calderón usaría de pretexto el crecimiento del narcotráfico para empezar  una guerra que no ganó. Mientras el narco ganaba más dinero y adeptos en las calles, los dueños de las grandes fortunas mexicanas, muchas de ellas amasadas a las sombra del poder, crecían de manera escandalosa. El estado de terror desatado por la administración panista sirvió para disimular ese acaparamiento de la riqueza del país en muy pocas manos.
 
Mientras el patrimonio de muchos mexicanos se perdió en esta guerra, los grandes capitales nunca fueron tocados por el narco. Hasta hoy no se sabe que a los dueños de Soriana y Teléfonos de México, dos de las empresas del país que reportan más ingresos y ganancias en sus balanzas de pagos, por ejemplo, les haya sonado el timbre de la cuota. Hasta ellos no llegó la amenaza de la extorsión. En cambio, miles de tienditas y negocios de barriadas tuvieron que cerrar y huir por el temor existente entre sus propietarios de ser asesinados al no poder pagar las exigencias de sus extorsionadores.
 
A las deudas dejadas por Calderón, se suma una que pudo haber sido la más cara apuesta de su equipo. Se trata de esa que gravita en la psique mexicana y que seguramente es también la más traumática consecuencia de los saldos de la guerra. Después de contar tantos muertos, secuestros, extorsiones y vidas bajo amenaza, los mexicanos supieron que era verdaderamente sentir miedo. El mismo que hizo posible que miles de ellos votaran en la última elección para que regresara el PRI. Rara paradoja. La derecha que doce años atrás sacó a las alimañas y tepocatas de los Pinos, ahora contribuyó, mediante la instauración de un estado de terror, para su regreso. ¿De qué negocio estamos hablando? Ya lo sabremos más adelante.
 
Después de este recuento general de daños, 2013 será importante en lo inmediato, pero no es ninguna garantía de que las cosas mejorarán en nuestro país. Al contrario, una administración que se inaugura con el garrote en la mano representa un gobierno débil, carente de mando, por lo que serán otros, como ya apuntamos, los que definirán el rumbo de la política en el país.  
 
Sin embargo, frente a este oscuro destino, hay algunas luces que lo hacen menos nebuloso. Existen expectativas de que sea la sociedad organizada la que se contraponga a los rasgos primitivos del régimen que nos gobernará durante los próximos seis años. La aparición del Yo soy 132 en plena efervescencia electoral en 2012, el surgimiento de la comunidad de Cherán como defensora de su territorio ante la barbarie del crimen organizado y la última aparición pública y pacífica de miles de zapatistas en las calles de las cinco poblaciones tomadas por éstos militarmente hace diecinueve años, son señales alentadoras de que la historia no ha acabado y que la predicción Maya tiene que ver con la culminación de un ciclo y el surgimiento de otro más limpio, más libre, mas democrático y más justo.
 
Por eso vale recobrar en este espacio el paso y la voz de los zapatistas y del subcomandante Marcos del 21 de diciembre último: ¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue el día, era noche. Y noche será el día que será el día.
  

 

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Juan Carlos Martinez Prado, nació en Guadalajara, Jalisco. Desde hace más de dos décadas vive en Ciudad Juarez, Chihuahua.  Es periodista independiente. Ha publicado en FronteraD y Rebelión (España), The Clínic (Chile), emmequis, Vanguardia y Milenio (méxico). Es colaborador en Arrobajuarez desde la fundación de este medio.

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Gotera

    Al sonoro rugir.
    Les toca palpar y taponear en el quirófano las heridas de la metralla por donde se escapa la vida, para eso están hechos. Para lo que no , y nadie lo está, es para enfrentar el terror y claro, le corren millas.
    Lo hacen a diferencia de quienes quisieran, pero no pueden salir porque ahí tienen a sus muertos, sus tierras o sencillamente porque no tienen a donde ir, y se resignan humillados a vivir la eterna pesadilla.
    Lo habían denunciado meses atrás, pero en esta ocasión los estudiantes universitarios recién han dado el ultimatúm acompañado de la renuncia a sus puestos asignados por GobEdo en el servicio social de todas las ramas de la medicina.
    Abandonan las escasas clínicas y hospitales en esa tierra sin ley que son las faldas y los altos de la sierra, incluso pueblos de ya consideradas zonas urbanas.
    Como se ha visto, los pueblerinos pueden seguir gritando, como lo han hecho desde siempre, y no pasa nada porque las bandas de gatilleros y sus mortales afectos son el caos catalogado normalidad.
    Es hasta ahora que se alza la voz de los médicos practicantes cuando el aparato oficial siente algo así como un cuete en el culo...y pues que 'ahora sí', que al margen de milicos y federales, enviarían, habrá que verlo, ejército propio al lado oscuro de la entidad.


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Palabra Mayor

LA ANTEPENULTIMA DE DUARTE

Víctor M. Quintana Silveyra

 

La volvió a hacer. Aunque su sexenio vive sus últimas horas, sigue dando lata. Como el robot de  Terminator I del que ya sólo quedaba una mano con antebrazo mecánico, pero se seguía moviendo para hacer el mal. Así llega César Duarte al final de su gobierno.

Si varias organizaciones de la sociedad civil le impidieron a los serviles diputados imponer la reforma constitucional para crear un sometido Consejo de la Judicatura el jueves pasado, el Congreso vuelve a convocar a período extraordinario para el próximo lunes con ese punto en la agenda. Duarte quiere a toda costa salirse con la suya. Burlase del Pueblo de Chihuahua una y otra vez, hasta el último segundo antes de entregar su agonizante mandato.



Más Palabra

La Nota Nostra

España….II. Pisé una….

 

Ramón Quintana Woodstock

 


Pues aquí me tienen en aeropuerto de Barajas. Mi maleta no llega, y yo que soy obsesivo compulsivo estoy vuelto loco; me lanzo por en medio de un mar de gente a hacerla de jamón, ya voy con el zarape y el carácter de mexicano. -Oiga, no llega mi maleta. - ¿De dónde viene? -De allá (le señalé con el dedo). No, que ¿cuál es su origen? (me quiso decir, no sea idiota, pero se aguantó). ¡Ah, de Dallas! pero me cambiaron el vuelo. Es igual, la maleta llega al mismo cinturón destinado del origen de salida, ¿ya revisó? -No. ¿Será por eso que no lo encuentra? En efecto, le pedí permiso al policía español para regresar a la zona de equipaje y ahí apareció. Se me cae la cara de vergüenza. Lo bueno es que me agaché poquito y la española, bella y servicial no me perdió de su vista, pero lo que habrá dicho.
 

 

Más nota

Mediometro

¿A qué obedece el repunte violento con hasta 80 ejecuciones por mes?
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DesdeJuárez

Cosa buena, cosa mala

 

Juan Hernán III Ortíz Quintana

Hemos empezado mal.

También bien, pero mal.

Me explico y seré breve.

Por un lado tenemos el hecho de que la ciudad se cae a pedazos, literalmente, se abren boquetes bajo los autos o camiones. Lo he visto con estos malditos ojos que se comerán los gusanos. Otro hecho es que no tenemos una total cobertura de alumbrado público. Otro más, que la policía no alcanza a vigilar  toda la ciudad para proteger a la ciudadanía, por eso tiran tantos cuerpos por las calles, al menos uno al día y eso es terrible. Los servicios de salud, de bomberos, de transporte público, no cubren toda la ciudad.

No son percepciones, son hechos.

¿Por qué sucede esto?


Mas Juárez

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El gran teatro de la política

 

Francisco Flores Legarda

 
“La historia es la maestra de nuestras acciones.”
Nicolás Maquiavelo


Sin duda alguna el sexenio que está a punto de llegar a su fin ha sido un episodio que ha dejado huella dentro de la historia de México. Más allá del partidismo tenemos quever los hechos de la forma en la que se han suscitado, hablar de Peña Nieto es hablar del presidente de pantalla, ese al que su carrera política la dejaron en segundo término durante su campaña para convertirlo en una marca registrada de la televisión, es una novela que se vive desde los pinos.


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