Flash Informativo... Desde que tomó las riendas del Ejecutivo en Chihuahua, el corralismo operó para tomar el control de los demás poderes en el estado, empezando por el Judicial. (...) / Francisco Flores Legarda (Cartas al director)
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Trasfondo

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño

 

Carlos Murillo González

“…Todo poder emana del pueblo…el pueblo tiene en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos


Los signos del fin del mundo

Tantas cosas pasando en tan corto tiempo: huracanes, terremotos, tsunamis, el retorno de la Guerra Fría, crisis económicas, escasez de agua, todo pareciera indicar la próxima destrucción del mundo como lo conocemos. ¿Estos fenómenos son cíclicos o naturales?, ¿los ha provocado la misma especie humana?, ¿estamos viviendo el fin de los tiempos, la extinción del homo sapiens y otras especies?


Más Trasfondo

Juego de Ojos

El más triste de los alquimistas


Miguel Ángel Sánchez de Armas


Cierta noche de bohemia en un café de la ciudad de México con su amigo René Tirado, Jorge Cuesta escribió en una servilleta: “Porque me pareció poco suicidarme una sola vez. Una sola vez no era, no ha sido suficiente”.

Esas palabras, dice Rodolfo Mata, se convirtieron en profecía cumplida “pues efectivamente, el suicidio de Cuesta tiene que ser revivido por cada lector que se interna en su Canto a un dios mineral” con el ánimo de entender el poema.


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MarcaPasos

LA SUCESIÓN EN LA UACJ PARA EL PERIODO 2018-2024


Leobardo Alvarado


La sucesión en la rectoría de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) esta próxima. Hasta hoy en día la situación es de polarización. Contrario a lo que algunas voces sugieren en cuanto a que pesará la división de grupos en la elección, tal vez lo que hay es un alto potencial para caminar en el sentido de la construcción de un proyecto universitario académico. La pregunta que debe hacerse es si por encima de nombres y posturas personales y de grupo, por primera vez las y los académicos, estudiantes y administrativos de la UACJ en conjunto pueden ponerse por encima de las discusiones que actualmente están en los extremos, para de manera abierta buscar construir un consenso de un proyecto académico para la comunidad universitaria y que beneficie a la ciudad.


Más MarcaPasos

 

desde
España


¿Puede el ''efecto mariposa'' provocar una nueva recesión económica mundial?

Germán Gorraiz Lopez

La posibilidad real de la tercera ola de la recesión estaría pasando desapercibida para la mayoría de Agencias de Calificación debido a la desconexión con la realidad que les llevaría a justificar la exuberancia irracional de los mercados, con lo que se cumpliría la famosa frase del iconoclasta John Kenneth Galbraiht. ”Hay dos clases de economistas: los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso”. Así, el ” efecto mariposa” trasladado a sistemas complejos como la Bolsa de Valores, tendría como efecto colateral la imposibilidad de detectar con antelación un futuro mediato pues los modelos cuánticos que utilizan serían tan sólo simulaciones basadas en modelos precedentes (Teoría de la Inestabilidad financiera de Minsky), con lo que la inclusión de tan sólo una variable incorrecta o la repentina aparición de una variable imprevista provoca que el margen de error de dichos modelos se amplifique en cada unidad de tiempo simulada hasta exceder incluso el límite estratosférico del cien por cien, dando lugar a un nuevo estallido o crash bursátil.


Más desde España


Por los caminos de Sancho

México, Sancho y yo


Renward García Medrano


Yo tuve un amigo y maestro, viejo periodista, que no sólo me indujo al oficio, sino que iluminaba con su inteligencia aguda y heterodoxa, los laberintos de la vida del país y del mundo en los dos decenios que nos frecuentamos. Cada semana me reunía a desayunar con don Horacio Quiñones y a veces, con algún invitado. Coincidíamos en mucho, pero teníamos diferencias. Para él era claro que todos los títeres, incluyendo al grueso de los políticos, estudiantes y soldados, eran movidos por las pugnas precoces de la sucesión presidencial, y no por el choque de generaciones y mucho menos de ideologías.

En la huelga estudiantil de 1968, como profesor de la Escuela Nacional de Economía pasaba las noches que podía en la UNAM, al igual que otros y más meritorios amigos, como Lalo y Pablo Pascual, Eliezer Morales o Rolando y Fallo Cordera (Yo no conocía a Woldenberg). Don Horacio no cedía en sus opiniones sobre la marcha de los acontecimientos. La sociedad estaba dividida. Los mayores criticaban a los jóvenes y éstos llegábamos a veces al extremo de la ruptura. La incomunicación inició la debacle de la institución familiar.


Más por los caminos

 

 

 

 
Juego de Ojos
 

 

Ve y dilo en la montaña

Leo en Tiempo de morir -el estrujante testimonio sobre el motín de la cárcel de Attica en 1971- el pasaje del  agitado encuentro de Tom Wicker con James Baldwin. Wicker, reportero, rubio y waspiano, grita a Baldwin, escritor negro y revolucionario, que gustoso daría su piel blanca a cambio del talento literario de su amigo.

Wicker era un reconocido periodista, jefe de la corresponsalía en Washington del New York Times. Frecuentaba los círculos intelectuales, políticos y económicos de la capital del imperio. Sus columnas eran lectura obligada entre la clase dominante, en donde nadie olvidaba que durante cuatro horas el viernes 22 de noviembre de 1963, sus despachos fueron las únicas noticias del atentado a Kennedy en Dallas. Vivía en una gran casa, sus hijos asistían a los mejores colegios… pero se sentía fracasado: sus aspiraciones literarias quedaron en seis novelas que no cambiaron el mundo; tenía sobrepeso y vivía un divorcio. En la tarde del 10 de septiembre de 1971, después del almuerzo en un exclusivo club privado, recibió la noticia de que los presos amotinados en Attica lo querían como testigo de las negociaciones con las autoridades; y de esa experiencia nació Tiempo de morir, quizá el motivo de la discusión con Baldwin.  

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

 

 

 

 

Ve y dilo en la montaña

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

         Leo en Tiempo de morir -el estrujante testimonio sobre el motín de la cárcel de Attica en 1971- el pasaje del  agitado encuentro de Tom Wicker con James Baldwin. Wicker, reportero, rubio y waspiano, grita a Baldwin, escritor negro y revolucionario, que gustoso daría su piel blanca a cambio del talento literario de su amigo.

 

         Wicker era un reconocido periodista, jefe de la corresponsalía en Washington del New York Times. Frecuentaba los círculos intelectuales, políticos y económicos de la capital del imperio. Sus columnas eran lectura obligada entre la clase dominante, en donde nadie olvidaba que durante cuatro horas el viernes 22 de noviembre de 1963, sus despachos fueron las únicas noticias del atentado a Kennedy en Dallas. Vivía en una gran casa, sus hijos asistían a los mejores colegios… pero se sentía fracasado: sus aspiraciones literarias quedaron en seis novelas que no cambiaron el mundo; tenía sobrepeso y vivía un divorcio. En la tarde del 10 de septiembre de 1971, después del almuerzo en un exclusivo club privado, recibió la noticia de que los presos amotinados en Attica lo querían como testigo de las negociaciones con las autoridades; y de esa experiencia nació Tiempo de morir, quizá el motivo de la discusión con Baldwin.   

 

         James Arthur Baldwin nació en el barrio negro neoyorquino de Harlem en 1924, en plena depresión. Hijo de un predicador fanático y autoritario, y de una mujer cuya ocupación principal era echar hijos al mundo, Baldwin se convirtió en la voz literaria de los negros norteamericanos principalmente durante las luchas civiles de la década de los sesenta. Su amor por los libros era tan grande como el odio a su padre. En Apuntes de un hijo de la tierra, uno de sus más conocidos ensayos, nos presenta desde el primer párrafo una brutal introducción a su vida:

 

          “El 29 de julio de 1943 mi padre murió. El mismo día, unas horas después, nació el último de sus hijos.

 

          “Durante el mes anterior, mientras esperábamos el desenlace de estos acontecimientos, había tenido lugar en Detroit una de las más sangrientas revueltas raciales del siglo. Unas cuantas horas después de la ceremonia fúnebre de mi padre, cuando su cuerpo aguardaba en la capilla, un motín racial se desató en Harlem [...]

 

         “El día del funeral de mi padre cumplí 19 años. Lo llevamos al cementerio entre despojos de injusticia, anarquía, descontento y odio. Me parecía que Dios mismo había orquestado, para conmemorar el fin de la vida de mi padre, la más sostenida y brutalmente disonante de las obras. Y me parecía también que la violencia que nos rodeaba mientras mi padre se iba de este mundo había sido concebida como un correctivo para la arrogancia de su hijo mayor [...]

 

         “Había decidido rebelarme en su contra por las condiciones de su vida y por las condiciones de nuestra vida, pero cuando llegó su fin comencé a interrogarme sobre esa vida y también, de una manera no antes conocida, me hice aprehensivo acerca de la mía”.

 

         Resulta por lo menos asombroso, después de esta descarnada confesión, saber que Baldwin siguió los pasos del muerto y que adolescente aún fue consagrado como ministro y predicador en la iglesia Fireside de Harlem, barrio que habría de convertirse en el centro literario e intelectual de la comunidad negra norteamericana y escenario de violentas manifestaciones durante el movimiento pro derechos civiles del siglo pasado. Quizá una explicación sea que aquél era en realidad su padrastro pues James fue hijo ilegítimo. Otra, que las misteriosas tensiones en la relación padre-hijo se manifiestan en conductas de complejidad insondable. Sea como fuere, en el púlpito Baldwin se tropezó con la que sería su verdadera vocación, la literatura, aunque ese encuentro no sería evidente de inmediato y pasaría a formar parte del arcano bagaje con el que se ensambla el espíritu de los seres humanos.

 

         En uno de sus numerosos ensayos, casi todos salpicados con pasajes de su propia biografía, asentó que sus tres años en el púlpito lo convirtieron en escritor porque vivió expuesto a la gran desesperación y simultánea gran belleza de la grey a su cargo. Creo que a Baldwin le sucedió lo que al novelista indio R. K. Narayan, quien se alejaba de las ventanas pues desde ellas son visibles millones de historias. Y viéndolo bien, ¿no es lo que pasa a los periodistas, escritores y otros creadores que andan por la vida con los ojos abiertos? En rigor, no hay que ir muy lejos para obtener material.

 

         Baldwin dejó los hábitos y transitó por una serie de empleos manuales antes de establecerse en el barrio bohemio neoyorquino de Greenwich Village y comenzar su vida de escritor. Ahí sobrevivió publicando reseñas de libros en el diario The New York Times e hizo amistad con el autor Richard Wright, quien habría de ayudarlo a conseguir una beca con la cual en 1948 viajó a Francia y a Suiza.

 

         Una vez más vemos cómo, de manera que me resisto a creer sea accidental, una carrera literaria se entrelaza con el periodismo. Durante su estancia en el Village (crisol de espíritus creativos de todas las nacionalidades y razas) Baldwin, no siendo precisamente un reportero, sí fue un periodista especializado que se ganaba la vida escribiendo para los diarios reseñas de los libros que devoraba día y noche.

 

         En 1953 publicó su primera novela, Ve y dilo en la montaña, obra en la que resalta el fuerte acento adquirido en sus años de predicador y que de acuerdo a los críticos, le consagró como el más sobresaliente comentarista negro sobre la condición de los de su raza en los Estados Unidos. La siguiente, El cuarto de Giovanni (1956), es una historia de amor homosexual; Apuntes de un hijo de la tierra (1955) y Nadie sabe mi nombre (1961) son libros de ensayos y memorias de su juventud. Baldwin es autor además de Otro país (1962), La próxima vez el fuego (1963), Blues para míster Charlie (1964), Dime cuánto hace que se fue el tren (1968), Sin nombre en la calle (1972) y los ensayos agrupados en El precio de la entrada (1985), entre otros títulos.

 

          El tratamiento de temas a partir de su abierta preferencia homosexual hizo a Baldwin blanco de acerbas críticas desde los mismos círculos que se beneficiaron con su aporte intelectual y militancia por los derechos de la minoría de color. Eldrige Cleaver, uno de los notorios “Panteras Negras”, lo acusó de exhibir en su obra un “doloroso y total odio hacia los negros”.

 

         “Supongo”, respondió el autor, “que todo escritor siente que el mundo en el que nació es nada menos que una conspiración contra el cultivo de su talento”.

 

         El próximo mes de agosto, 90 aniversario del natalicio de Baldwin, se cumplen también 51 de aquella jornada histórica en que millones de norteamericanos escucharon en Washington a Martin Luther King pronunciar la portentosa oración que bajo el título “Tengo un sueño”, habría de convertirse en el programa de la lucha contra la discriminación racial en Estados Unidos y el resto del mundo.

 

          Dos existencias destinadas a cruzarse. Mi lado racional puede descartarlo, pero el mágico dice que en lo humano no hay nada accidental, y como Edmundo Valadés, sostengo que hay vidas y obras que están destinadas a complementarse. Llámese como sea, hay entre Baldwin y King coincidencias por lo menos notables, cuando no estremecedoras. Negros, hijos de predicadores y ellos mismos ministros del púlpito, seres de gran potencia intelectual, inconformes, creativos y atormentados por la obsesión de un cambio posible y de una vida mejor.

 

          “Tengo un sueño -exclamó King ante miles de compatriotas reunidos en Washington el 22 de agosto de 1963- de que mis cuatro pequeños hijos un día habitarán un país en el que no se les juzgue por el color de su piel, sino por la entereza de su carácter”.

 

         Baldwin, por su parte, escribiría en un recuerdo sobre su niñez en Harlem: “Sabía que era negro, desde luego, pero también sabía que era inteligente. Ignoraba cómo utilizaría mi inteligencia, incluso si podría aplicarla, pero eso era lo único que poseía”.

 

         No lo sé de cierto, pero es casi seguro que Baldwin estuviera entre la multitud frente al monumento a Lincoln aquel jueves de verano, pues desde principios de los sesenta había regresado de su autoexilio para incorporarse a la lucha al lado de King, sin dejar de buscarse a sí mismo. Otra faceta de este creador: su compromiso con la democracia y contra la opresión. Producto de muchas minorías (negro, pobre, homosexual,  periodista y escritor) en un momento de su exilio decidió que además de su participación intelectual debía ensuciarse las manos como militante. Así, retornó a Estados Unidos y viajó extensamente por las regiones de mayor discriminación racial. Producto de ese tiempo fueron Apuntes de un hijo de la tierra y La próxima vez el fuego.

 

          Aparentemente esa época de su vida también fue amarga y llegó a la conclusión de que las cosas cambiarían sólo por la vía de la violencia. Después del asesinato de sus amigos Martin Luther King y Malcolm X, regresó al extranjero en donde no sólo pudo cultivar una mejor perspectiva de su existencia, sino que encontró una solitaria libertad para su oficio de escritor. “Una vez inmerso en otra civilización –escribió- te obligas a examinar la propia.” James Baldwin, como King y millones de negros norteamericanos, fue producto de ese encuentro forzado y doloroso que conocemos como esclavitud.

 

          Al terminar de redactar estas líneas, por una extraña asociación de ideas recuerdo la novela de Harper Lee, Para matar un ruiseñor, y me pregunto si, guardadas las distancias y circunstancias, James Baldwin podría ser considerado el Atticus Finch de los derechos civiles negros...

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

sanchezdearmas@gmail.com

juegodeojos@gmail.com

Tuit: @sanchezdearmas

Blog: www.sanchezdearmas.mx

 

 

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Miguel Ángel Sánchez de Armas. : Profesor del postgrado en comunicación de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. Doctor en comunicación por la Universidad de Sevilla. Autor de diversos libros, entre ellos Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia, y En estado de gracia. Conversaciones con Edmundo Valadés. Fundador de la Revista Mexicana de Comunicación y de la Fundación Manuel Buendía, A.C. Ha sido conferencista en universidades del país y del extranjero y tiene numerosas participaciones en congresos nacionales e internacionales. Ejerce el periodismo desde 1968. Su columna semanal “Juego de ojos” se publica en México, Estados Unidos, Sudamérica y España.

 


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Gotera

    Eran de lengua.
    Tomar el dolor como estandarte y echarse a los hombros la demanda de seguridad del ciudadano, es un papel que el ahora gobernador desempeñaba bien en campaña, digamos que casi casi a la perfección.
    Se le humedecían los ojos con las madres de las desaparecidas y víctimas de feminicidio, y aseguraba con la convicción de un juramento que ahora sí habría gobierno para hacer justicia, y mucha.
    Las buscaba, se tomaba las pesarosas fotos y las subía al feis; ahora las evita, en Palacio les manda decir que no está; o que no las oye, si en la calle es.
    No se diga de la vista gorda en cuanto a la matanza.
    Hace como que no la ve cuando ocurre en lo general con más de cien ejecuciones por mes; y en lo puntual, para muestra la reciente masacre de once jóvenes en Pradera de Oasis, y ni media palabra.
    Algunos dirán con razón que Corral ya ni retóricamente es el que fue, el que ponía plazo, con día y hora, a los maleantes para que dejaran de escupir fuego
    Y es que seguros nadie, ni siquiera sus policías ministeriales: dos muertos y dos heridos en cuatro ataques distintos en Juárez y Chihuahua...en un sólo día.


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La Nota Nostra

Juan Pablo

 

Ramón Quintana Woodstock

 

Era la década de la felicidad, por aquellos días era niño y eso implicaba que aun recibía órdenes de la Generala, mi mamá, era por ejemplo una orden, acompañarla a hacer las compras de la semana, ir al mercado Cuauhtémoc y llenar un par de bolsas, yo ayudaba con una, la más pequeña y la grande correspondía a La Grande. Había que caminar unas cuadras para tomar el transporte, estos eran armatostes donde trasladaban a los humanos, les sonaba todo y aventaban humo hasta para adentro. Era muy seguro que en el trayecto hubiera diversión y vendimia, los artistas espontáneos abordaban la unidad pero también los dulceros, aquello implicaba que sonaran los monederos porque recuerdo bien que había un gran mercado intestino que bailaba al ritmo de las bajas inversiones y las limosnas.

 

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DesdeJuárez

Mi versión de Vero

 

Juan Hernán III Ortíz Quintana

¿Para qué sirve la memoria? Nos puede poner melancólicos con una imagen o robar una risa si recordamos un pecado; nos puede distraer, dar escalofríos o hasta hacer sentir ese cosquilleo en el estómago que puede ser miedo o nervios.

La memoria, también debe ser un medio de aprendizaje. Pero debemos ser desconfiados de ella, es muy traicionera, el tiempo nos motiva a sumar o quitar detalles de la experiencia. La memoria es maleable a menos que este sistematizada. Plasmada.


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A la Cabeza

Voluntad para gobernar

 

Francisco Flores Legarda


"No vemos las cosas como son, sino como somos."
 Jodorowsky


Hay presidente electo de acuerdo a la declaratoria hecha por los magistrados del tribunal electoral (08-08-2018) Todavía no se sale del todo de la conmoción, menos saldrán los que sientan sus intereses de negocio frontalmente amenazados. El maniqueísmo sigue dictando opinión. Hay morenistas que quieren un presidente vengador. No se va a poder. Los procedimientos legales carecen de la gracia de la instantaneidad, a menos que esté en su deseo que el nuevo gobierno atropelle la legalidad. Del lado contrario, de los que les resulta indigestible López Obrador, les da por señalar sus “ocurrencias”, que no tiene el “conocimiento” de un técnico y, en resumidas cuentas, lo consideran un hablador.


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